Hay un momento clave en el parto que le llega a todo padre, el momento en el que después de varios días de contracciones, malos ratos, nervios, juramentos, epidurales, viajes al hospital y todo tipo de peripecias que te puedas imaginar, te quedas tú solo en la habitación del hospital, disfrazado de médico.
Yo, como soy un hombre reflexivo al que le gusta visualizar los momentos importantes de mi vida antes de que pasen (si, a lo Rafa Nadal), me sumergí por completo en lo que desde entonces he llamado La reflexión preparto del padre moderno.
"Bueno amigo, aqui estamos, ha llegado el momento. Dentro de no más de 2 horas y no menos de 25 minutos vas a ser padre (estaba equivocado, quedaban menos de 5 minutos...). Visualiza el momento, vamos! tú puedes! Tienes que apoyar en todo lo que puedas a tu mujer, eres el macho alfa, el cazador, el protector. Repasa mentalmente todo lo aprendido durante el embarazo, no hombre!, lo del método Estivil no, lo anterior, lo de empujar. Vale, no hemos ido a las clases preparto, se supendió la de padres, pero lo has visto mil veces en películas y no puede ser muy diferente al nacimiento de Luke y Leia en Star Wars (en vez del robot ese raro estará Rotenmeyer y listo).
Y sobre todo, por dios!, no te desmayes".
Pues si, soy de los que cn cuanto ven un poco de sangre, se desmayan. Yo había avisado al ginecólogo, a las matronas, y hasta a un señor que pasaba por alli de mi pequeño problema, pero había llegado el momento de hacer un chequeo interno para ver "sensaciones".
"Estoy bien, no pasa nada. Miremos hacia los lados rápidamente para ver grado de mareo antes de entrar en el paritorio. Fuiiiiip, a un lado, fuiiiiip a otro. Vale, estoy bien. Ahora piensa en esa cabeza saliendo, esas imágenes de Youtube... Cabeza a los lados otra vez, fuiiip, fuiiiip. Perfecto, parece que no me caigo"
Supongo que nadie me vio disfrazado de médico, con chancletas y moviendo compulsivamente la cabeza para los lados, pero podría haber sido un motivo para no dejarme entrar en el paritorio, llamar a seguridad y posteriormente ingresarme en la planta de psiquiatría.
Entonces se abre la puerta y aparece una enfermera y me dice:
-"¿Pero todavía estás aqui? Corre que no llegas!!!!"Jode!, que no llego, corre!. Y salgo de la habitación mientras veo que pasa el ginecólogo corriendo por delante, me mira en plan "voy a saludarte", pero antes de que le de tiempo la enfermera lo coge del brazo y le dice:
-"2 minutos más y no llegas".Entro en el paritorio y veo a mi mujer tumbada en la camilla, en posición de parto. Me mira con unos ojos que no olvidaré nunca y le cojo la mano. Creo que en ese momento ella no sabía ni quien era...
Llega el ginecólogo, se coloca delante y le dice:
-"Venga, que esto está ya, empuja"
-"Ummmmmmm, brreeeeeeffff, riiiiiiiiifghhh. Fu fu fu fu fu".
-"Venga cariño, que tú puedes empuja, empuja, empuja"Miro al ginecólogo, me mira, me sonríe y me dice:
-"Ven aquí, tiene la cabeza fuera, corre que está ya"Le miro en plan "ya te dije que es muy posible que me caiga al suelo solo de pensar en la sangre, no te digo nada si miro desde delante..." Pero me hace una seña con el brazo y me dice:
-"Pero ven hombre!"Y me lanza una mirada cómplice. Una mirada de "esto pasa solo una vez en la vida, no va a ser para tanto. Además, soy médico, si te desmayas se hacer RCP."
Así que doy el paso más difícil y a la vez más fácil de mi vida. El paso del que más me he alegrado después, el paso que ha hecho que me convierta en otra persona, en otro hombre, en un padre. Y allí está, su cabecita ya asoma, incluso uno de sus hombros se puede ver. El ginecólogo la agarra de la cabeza y casi sin esfuerzo la saca de lo que ha sido su casa durante 9 meses, del sitio en el que más a gusto ha estado y estará en su vida, de su madre.
La maniobra que viene después, es como si la tuviera grabada en Full Hd en mi mente. El ginecólogo hace un movimiento fluido y la niña va directamente al pecho de su madre. Y entonces la ves, es lo más bonito que has visto nunca, tu mujer te mira y llora y en mi caso (no es por ir de machito, pero lo de llorar no me sale, es como si el grifo estuviera cerrado, el manantial seco) se me escaparon las primeras lágrimas en años.
Tengo amigos médicos y me habían avisado de que el parto no es lo que nos quieren vender. Que puede haber complicaciones, que es sucio, que suele ser largo y algo que se me sorprendió mucho, que huele mal. Pues bien, tengo que decir que lo que más me llamó la atención en ese momento desde que la pequeña nació hasta que la revisó la pediatra es que había un olor increíble, algo que en su momento me pareció hormonal, algo casi sobrenatural, lo mejor que había olido hasta entonces (ahora cada vez que me acerco a mi pequeña, huelo olores igual de increibles). Horas después mi mujer me comentó que había sentido algo parecido, pero ella si que pensó que sería algo hormonal. Pues no, era algo real, tan real como que tardó unos días en desaparecer de la niña.
Y desde entonces, tengo un nuevo amor. Una cosita que hace que me levante contento (con sueño, pero contento), que suba las escaleras de casa después de trabajar casi corriendo, que disfrute cada momento con ella y que quiera a su madre más de lo que la había querido nunca (que ya era mucho). Pero sobre todo el amor surgió en un momento muy concreto, el momento en el que Rotenmeyer la cogió para limpiarla y me dijo:
-"¿La quieres sostener?"
Pero eso ya es otra historia...