miércoles, 18 de diciembre de 2013

El parto - Ese gran desconocido IV

Como íbamos diciendo en la Tercera parte de El parto - Ese gran desconocido...

Hay un momento clave en el parto que le llega a todo padre, el momento en el que después de varios días de contracciones, malos ratos, nervios, juramentos, epidurales, viajes al hospital y todo tipo de peripecias que te puedas imaginar, te quedas tú solo en la habitación del hospital, disfrazado de médico.

Yo, como soy un hombre reflexivo al que le gusta visualizar los momentos importantes de mi vida antes de que pasen (si, a lo Rafa Nadal), me sumergí por completo en lo que desde entonces he llamado La reflexión preparto del padre moderno.

 "Bueno amigo, aqui estamos, ha llegado el momento. Dentro de no más de 2 horas y no menos de 25 minutos vas a ser padre (estaba equivocado, quedaban menos de 5 minutos...). Visualiza el momento, vamos! tú puedes! Tienes que apoyar en todo lo que puedas a tu mujer, eres el macho alfa, el cazador, el protector. Repasa mentalmente todo lo aprendido durante el embarazo, no hombre!, lo del método Estivil no, lo anterior, lo de empujar. Vale, no hemos ido a las clases preparto, se supendió la de padres, pero lo has visto mil veces en películas y no puede ser muy diferente al nacimiento de Luke y Leia en Star Wars (en vez del robot ese raro estará Rotenmeyer y listo).

Y sobre todo, por dios!, no te desmayes".

Pues si, soy de los que cn cuanto ven un poco de sangre, se desmayan. Yo había avisado al ginecólogo, a las matronas, y hasta a un señor que pasaba por alli de mi pequeño problema, pero había llegado el momento de hacer un chequeo interno para ver "sensaciones".

"Estoy bien, no pasa nada. Miremos hacia los lados rápidamente para ver grado de mareo antes de entrar en el paritorio. Fuiiiiip, a un lado, fuiiiiip a otro. Vale, estoy bien. Ahora piensa en esa cabeza saliendo, esas imágenes de Youtube... Cabeza a los lados otra vez, fuiiip, fuiiiip. Perfecto, parece que no me caigo"

Supongo que nadie me vio disfrazado de médico, con chancletas y moviendo compulsivamente la cabeza para los lados, pero podría haber sido un motivo para no dejarme entrar en el paritorio, llamar a seguridad y posteriormente ingresarme en la planta de psiquiatría.

Entonces se abre la puerta y aparece una enfermera y me dice:
-"¿Pero todavía estás aqui? Corre que no llegas!!!!"
Jode!, que no llego, corre!. Y salgo de la habitación mientras veo que pasa el ginecólogo corriendo por delante, me mira en plan "voy a saludarte", pero antes de que le de tiempo la enfermera lo coge del brazo y le dice:
-"2 minutos más y no llegas".
Entro en el paritorio y veo a mi mujer tumbada en la camilla, en posición de parto. Me mira con unos ojos que no olvidaré nunca y le cojo la mano. Creo que en ese momento ella no sabía ni quien era...

Llega el ginecólogo, se coloca delante y le dice:
-"Venga, que esto está ya, empuja" 
-"Ummmmmmm, brreeeeeeffff, riiiiiiiiifghhh. Fu fu fu fu fu".
-"Venga cariño, que tú puedes empuja, empuja, empuja"
Miro al ginecólogo, me mira, me sonríe y me dice:
-"Ven aquí, tiene la cabeza fuera, corre que está ya"
Le miro en plan "ya te dije que es muy posible que me caiga al suelo solo de pensar en la sangre, no te digo nada si miro desde delante..." Pero me hace una seña con el brazo y me dice:
-"Pero ven hombre!"
Y me lanza una mirada cómplice. Una mirada de "esto pasa solo una vez en la vida, no va a ser para tanto. Además, soy médico, si te desmayas se hacer RCP."

Así que doy el paso más difícil y a la vez más fácil de mi vida. El paso del que más me he alegrado después, el paso que ha hecho que me convierta en otra persona, en otro hombre, en un padre. Y allí está, su cabecita ya asoma, incluso uno de sus hombros se puede ver. El ginecólogo la agarra de la cabeza y casi sin esfuerzo la saca de lo que ha sido su casa durante 9 meses, del sitio en el que más a gusto ha estado y estará en su vida, de su madre.

La maniobra que viene después, es como si la tuviera grabada en Full Hd en mi mente. El ginecólogo hace un movimiento fluido y la niña va directamente al pecho de su madre. Y entonces la ves, es lo más bonito que has visto nunca, tu mujer te mira y llora y en mi caso (no es por ir de machito, pero lo de llorar no me sale, es como si el grifo estuviera cerrado, el manantial seco) se me escaparon las primeras lágrimas en años.

Tengo amigos médicos y me habían avisado de que el parto no es lo que nos quieren vender. Que puede haber complicaciones, que es sucio, que suele ser largo y algo que se me sorprendió mucho, que huele mal. Pues bien, tengo que decir que lo que más me llamó la atención en ese momento desde que la pequeña nació hasta que la revisó la pediatra es que había un olor increíble, algo que en su momento me pareció hormonal, algo casi sobrenatural, lo mejor que había olido hasta entonces (ahora cada vez que me acerco a mi pequeña, huelo olores igual de increibles). Horas después mi mujer me comentó que había sentido algo parecido, pero ella si que pensó que sería algo hormonal. Pues no, era algo real, tan real como que tardó unos días en desaparecer de la niña.

Y desde entonces, tengo un nuevo amor. Una cosita que hace que me levante contento (con sueño, pero contento), que suba las escaleras de casa después de trabajar casi corriendo, que disfrute cada momento con ella y que quiera a su madre más de lo que la había querido nunca (que ya era mucho). Pero sobre todo el amor surgió en un momento muy concreto, el momento en el que Rotenmeyer la cogió para limpiarla y me dijo:
-"¿La quieres sostener?"

Pero eso ya es otra historia...

martes, 17 de diciembre de 2013

El parto - Ese gran desconocido III

Como íbamos diciendo en la Segunda parte de El parto - Ese gran desconocido...

Allí estábamos los 2,  y esa iba a ser la última vez que íbamos a ser eso, una pareja, un dueto, compañeros, Pin y Pon, Pili y Mili... A partir de ahora íbamos a ser otra cosa, ni mejor ni peor, diferente. Sé que esto suena fatalista, pero es cierto y aunque es ese momento no eres consciente de ello, tu vida va a cambiar para siempre en un corto espacio de tiempo.

Llaman a la puerta, es Rotenmeyer, nada nuevo. Explora a mi mujer y dice:
 -"Tenemos que parir ya eeeehhh, que las otras se te han adelantado"
Y se va. Y nos quedamos mirándonos el uno al otro, con cara de circunstancias y le digo a mi mujer:
-"Oye, a ver si te das prisa, que hemos empezado muy bien pero vamos los últimos. Venga pare ya."
Y mi mujer:
-"Voy, espera que me ponga cómoda y lo expulso"
Esto último es ficticio, pero parecía que Rotenmeyer es lo que esperaba de nosotros, así que lo he puesto por si acaso algún día lo lee... La verdad es que nos quedamos entre sorprendidos y preocupados por la afirmación de Rotenmeyer. Parece ser que tenía la extraña idea de que mi mujer estaba reteniendo a nuestra futura hija en su útero por la fuerza (muy capaz...).

Vuelven a llamar a la puerta, otra vez Rotenmeyer, otra vez exploración:
-"Bueno, esto va muy bien, vamos a probar a empujar un poquito"
Y mi mujer:
-"Esto... pero... ¿cómo?... Si yo..."
Y empieza el primer simulacro:
-"Vamos, coge aire por la nariz y sin soltarlo empuja con todas tus fuerzas"
-"Grrrrrr, huuuuuum, groooooooo"
-"Sigue, sigue, sigue, siiiiiigue, siiiiiiiiiiiiiiiiigue,  SIIIIIIIIIIIGUEEEEE, muy bien"
-"Fuuuuuuuuuuuu, buffffffffff"
Y yo mirando con los ojos más abiertos que te puedas imaginar, sin respirar, empujando y animando (creo que me llegué a orinar un poco...).

Hubo otro par de simulacros, la Rotenmeyer cambió de actitud completamente después del primero. Parece ser que mi mujer era la campeona del mundo de empujar, por lo menos eso parecía por lo ánimos que le daba (luego se demostraría que de verdad lo era). Y sin esperarlo, sin darnos cuenta, llego una de las frases más impactantes que he oido en mi vida:
-"Pues ya está, pasamos al paritorio"
Toda tu vida te pasa por delante a cámara lenta y con banda sonora de Queen. Ves cómo se marcha todo el mundo de la habitación, como se llevan a tu mujer (que te mira con su mirada de "no me dejes sola por dios, te necesito!!!") y por primera vez en mucho tiempo, te quedas tú solo. Silencio brutal.

Entonces entra la enfermera y me da un gorrito verde, unos "calcetines" (por llamarlos de alguna manera...) verdes también y el típico "disfraz de médico" que nos ponen a todos los padres para entrar en el paritorio.

Supongo que si hubiera sido al contrario, mi mujer hubiera pensado en todos los detalles y llevaría tanto ropa como calzado adecuado para ponerse el disfráz. Yo por supuesto, llevaba todo lo contrario, pantalones cortos y chancletas. Feliz.

Supongo que no habrá más de 10 personas en el mundo que se hayan puesto esa especie de "calcetines" o "botines" que te dan para pasar al paritorio encima de unas chancletas. Es un infierno, porque aunque en principio parezca lo contrario, las chancletas son mucho más anchas que unas zapatillas o zapatos, así que no entraban, casi me caigo un par de veces. Al final conseguí vestirme medianamente bien y para inmortalizar el momento, como no, me saque una de esas "autofotos chonis" que podemos ver diariamente en perfiles de Facebook de infinidad de adolescentes (y no tan adolescentes). Lamentable, sí, pero ahí la tendré para siempre.

Y llegó el momento de la reflexión preparto del padre moderno. Pero eso ya es otra historia...




jueves, 5 de diciembre de 2013

El parto - Ese gran desconocido II

Como íbamos diciendo en la Primera parte de El parto - Ese gran desconocido...

La epidural es algo en lo que pocos pensamos antes de un embarazo, pero que el día del parto pasa a ser nuestro mejor amigo. A partir del momento en el que a mi mujer se la suministraron, todo cambió. Ya no había dolores, ni contracciones (solo se veían en los monitores), todo era buen rollito, incluso pudimos dormir un poco. Pero aquí surge un nuevo problema, la sed.

Ley orgánica 4/2013

Aunque el anestesista, la matrona, el médico y Txumari Alfaro recomienden no beber nada después de la epidural, el marido debe portar zumos de diversos sabores para abrirlos y ofrecerte cada vez que sea requerido. Los zumos pueden ser de cualquier clase pero no pueden contener lácteos.

Así que ahí estaba yo, con un zumo de melocotón abierto, sonriendo a Rotenmeyer cada vez que pasaba por alli. Cada 3 minutos, mi mujer me pedía un "sorbito". Así es como imagino yo el famoso colisionador de hadrones del CERN, es mi mujer aspirando zumo por un lado y un señor con bata blanca lanzando protones desde el otro.

Y así fue pasando el día, 5 horas, 6 horas, 8 horas... De vez en cuando pasaba Rotenmeyer, alguna vez pasó otra matrona que llamaremos Pequeña gritona, que llegó incluso a prohibir cualquier movimiento a mi mujer:

-"No puedes moverte, túmbate boca arriba y mantente quieta que se te caen los sensores del monitor"
Eso es lo mejor que puedes decirle a una mujer embarazada de 9 meses, túmbate boca arriba para que todo el peso de tu tripa te oprima y no te muevas para sentir bien toda la molestia que esto hace que sientas... Menos mal que Rotenmeyer en una de sus visitas le dijo que podía ponerse de lado tranquilamente.

Podría aburrir al personal contando pasajes como rotura de bolsa, dilatación, oxitocina... pero prefiero detenerme en otro asunto que me parece más divertido (si, después de algún tiempo, estas situaciones nos parecen divertidas, y teniendo en cuenta que mi mujer es mi redactora jefe, la que revisa el blog, a ella también se lo parecen).

-"Cariño, empiezo a notar algo en una pierna."
-"Pues llamo a la matrona y que te pongan más epidural"

Ley orgánica 5/2013 que amplia la Ley orgánica 3/2013

La anestesia epidural se administrará lo más tarde posible siendo esta la mínima para no sufrir un dolor incontrolable, pero a su vez sentir las contracciones a la hora del expulsivo .
-"No quiero más epidural."
-"Pues nada, nos quedamos como estamos".
3 minutos después:
-"Me empieza a doler, pero ya en serio".
-"Pues llamo a la matrona".
-"Pero es que quiero sentir las contracciones."
-"Pues le digo que te dé poca."
-"No, prefiero aguantar."
1:37 minutos después:
-"No puedo más, voy a llamar a la matrona."
-"Espera, que le doy al botoncito."
Entonces entra una de las matronas, creo recordar que no era ni Rotenmeyer ni la Pequeña gritona, y ante la petición de mi mujer, aparece con una jeringuilla. Probablemente sea la jeringuilla más grande que he visto en mi vida, era el Chuck Norris de las jeringuillas.
-"Quiero que me des lo menos posible, justo para calmar un poco el dolor. Quiero notar las contracciones."
-"No te preocupes, te doy un poquito."
Según decía eso, yo veía que la matrona le estaba inyectando tooooooda la anestesia que venía en la Chuck Norris. Me miraba y sonreía. Y yo con los ojos como platos la miraba a ella y luego a mi mujer. Y las 2 me sonreían. La matrona no sabía con quien se la estaba jugando, si la jeringuilla era el Chuck Norris de las jeringuillas, mi mujer es el maestro de Karate de Chuck Norris.

La matrona se fue, nos quedamos los 2 solos y volvió la tranquilidad. No recuerdo muy bien si le comenté algo de la Chuck Norris en aquel momento, pero aquella matrona no sabe lo cerca que estuvo de sufrir la ira del maestro de Karate de Chuck Norris...

Aunque en ese momento no lo sabíamos, estábamos muy cerca de ser padres. Pero eso ya es otra historia...


miércoles, 4 de diciembre de 2013

El parto - Ese gran desconocido I

Como íbamos diciendo en el post de los días anteriores al parto...

Llegamos al hospital. Dejo el coche en la entrada de urgencias y cojo todas las bolsas que puedo, unas 17, quedando solo 24 en el coche.

Entramos y hay una especie de recepción de hotel. Habla mi mujer, yo nunca hablo, eso es ley, ni en hoteles, ni en Zara, ni en médicos, ni por supuesto en hospitales. Solo hablo ya en caso de urgencia, cuando no me queda más remedio, y si y solo si, es en mi idioma (viaje de novios callao 21 días). Es lo que hay.

Nos suben a una habitación y nos recibe la primera matrona, si, hay más de una. A esta la llamaremos "La inexperta". 

La inexperta es la que nos explica todo lo que necesitamos saber, le pone los sensores a mi mujer, el suero y nos comenta que a las 9 se marcha. Cierra la puerta y nos quedamos los 2 solos, mirándonos como 2 pasmarotes. De vez en cuando llega una contracción, mi mujer se encoge, las máquinas muestran picos, yo con los ojos como platos... y así pasamos las 2 primeras horas.

A las 9, la inexperta se marcha, ha sido muy amable, pero se notaba que llevaba poco tiempo trabajando, y más cuando entra la que llamaremos "señorita Rotenmeyer". Su entrada es como un ciclón, tiene un acento entre ruso y moldavo (ja!, no hablo otros idiomas, pero los conozco). Y pregunta:
-"¿Cuándo piensas darte la epidural?"
Una pregunta inocente y sencilla en principio, pero nada más lejos de la realidad. Para hablar de esta pregunta, tenemos que mencionar primero las corrientes que existen en esto de la maternidad/paternidad/embarazo. Aquí un pequeño resumen con las claves de cada corriente (sin acritud...):

Corriente talibán

Lactancia materna hasta la universidad, colecho (aquí el límite lo pone uno mismo, pueden colechar padres, hijos, primos, vecinos, etc.), el niño no puede llorar, parto natural, sin epidural.

Corriente centro penitenciario

Biberón desde que nace, duerme en su cuna (a ser posible en el garaje), dejarlo llorar hasta que se sequen las lágrimas, parto sin dolor (con epidural desde unos días antes).

Corriente "mi mujer" (también llamada "hago lo que me sale de...")

Mi mujer es un ser complicado, a la par que interesante. Ella ha ido recompilando información durante el embarazo y ha creado nuevas teorías que han pasado a ser leyes sin necesidad de su paso por el congreso (hubiera dado igual, somos 2 diputados y su voto vale doble). Las leyes incluyen temas como lactancia, esponja o toallitas, colecho si/no y por supuesto la epidural.

Ley orgánica 3/2013

La anestesia epidural se administrará lo más tarde posible. Punto y final.


Para los que no se hayan estudiado la constitución: Una Ley Orgánica es aquella que se requiere constitucionalmente para regular ciertas materias. Se oponen o distinguen de la ley ordinaria a nivel de competencias. Habitualmente para la aprobación de leyes orgánicas son necesarios requisitos extraordinarios como por ejemplo, mayoría absoluta o cualificada.

En este caso, como mi mujer es ella misma una mayoría absoluta, la pregunta tiene de la que partía toda esta explicación tiene una fácil respuesta:
-"Lo más tarde posible, para favorecer la dilatación."
Pero la señorita Rotenmeyer no iba a ceder tan pronto, y con una cara digna de un Caminante blanco  le contestó:
-"¿Y a qué vas a esperar? No vas a ser mejor madre por sufrir más."
Y aunque parezca extraño,  esto convenció a mi mujer, que asintió como si la ley orgánica 3/2013 nunca hubiera existido. A partir de aquí y después del trago de la epidural (te explican los peligros, te hacen salir de la habitación, 20 minutos de espera...), empieza ya la fase anterior al expulsivo, con la dilatación a medio camino y el cuello del útero ya casi borrado.

Pero eso ya es otra historia...

martes, 3 de diciembre de 2013

El parto - Los días anteriores


Es verdad que  lo que más suele preocupar a un padre primerizo antes de serlo es EL PARTO, y si, lo pongo en mayúsculas porque así ha estado en mi cabeza durante los 9 meses (seamos correctos, 40 semanas) que ha durado EL EMBARAZO (esto lo pongo también en mayúsculas porque lo merece).

Más tarde se demuestra que hay cosas mucho más preocupantes como LAS VISITAS (esto va en mayúsculas y en negrita), los días posteriores, la lactancia (esto merecería ir en mayúsculas, en negrita y con enlace a videos explicativos, pero de momento lo dejo así), la llegada a casa…

Pues bien, voy a contar como recuerdo esos días, después de reposarlo 3 meses (probablemente los más intensos de mi vida): 

n días para el día D

Lo de n no es una coña, no recuerdo exactamente cuando fue, pero la semana antes de que naciera nuestra hija, nos fuimos a cenar a un sitio que solemos frecuentar, donde se come un pescado espectacular y además hay unas campas en las que puedes tirarte antes o después de comer. Los 2 tuvimos la sensación de que esa podía ser la última cena que íbamos a hacer los 2 solos y así ha sido.

El recuerdo de esa cena creo que durará para siempre. Lo que cenamos, lo que hablamos, la gente que estaba allí... No sé, es una sensación rara, pero agradable. 

2 días antes del día D

Empieza la fiesta... Domingo de visita familiar, en la que las apuestas estaban en todo lo alto:

-"El viernes a más tardar"
-"El miércoles máximo"
-"Hasta el fin de semana nada"

Pues bien, nadie acertó. En cuanto nos quedamos solos, las contracciones empezaron a ser cada vez más molestas. Cada 20 minutos, cada 10, cada 10 segundos (esto es lo que mi mente pensaba, realmente no recuerdo cada cuanto eran).

Teníamos cita con el ginecólogo al día siguiente, así que estábamos relativamente tranquilos. Por la noche las contracciones nos dieron un pequeño respiro y pudimos dormir algo (qué fácil es decirlo cuando no es uno el que las siente…). 

El día antes 

Como he comentado antes, teníamos cita con el ginecólogo. Primero pasamos a la salita de las famosas “correas”. 20 minutos mirando los gráficos como auténticos entendidos. Sube el pulso, sube la contracción, baja el pulso, “cariño creo que esto está ya madurito…”, “a ver qué nos dice…”. 

Pasamos a la consulta del ginecólogo. Se lleva a mi mujer, y sentado en la mesa escucho “pues nada, muy bien, esto está ya”. Vuelve el ginecólogo y me dice:

-“De mañana no pasa, si esta noche no se pone de parto, mañana a las 8 ingresáis”

Es una mezcla entre puñetazo en el estómago, felicidad suprema, miedo incontrolable, nerviosismo máximo, alivio y otras 1000 sensaciones más. Pero la verdad es que para la situación en la que nos encontrábamos, nos lo tomamos con bastante tranquilidad.

Yo llamé al trabajo para decir que ya no iba, sin dar todavía muchas explicaciones, pero dando a entender que se acercaba el momento. Y nos fuimos para casa. Ese día es como una nebulosa de sensaciones, contracciones y nervios que desembocan en ella y yo montados en el coche camino del hospital a las 7 de la mañana (aprox.).

El viaje lo recuerdo como una mezcla de insultos seguidos de risas de mi mujer, “no corras idiota”, “jajajaja, es que tenía una contracción”, miradas al espejo retrovisor para observar la elegante caravana que estábamos formando, nervios, más caravana, más insultos y por fin, la llegada al hospital.

Pero eso ya es otra historia….