martes, 7 de enero de 2014

Hija , yo soy tu padre. Si, a lo Star Wars.

Pues sí, aunque parezca mentira, el parto ya ha pasado. Ecografías, epidurales, respiraciones... todo se olvida en cuanto la matrona te dice:
-"¿La quieres sostener?"
Por una vez, voy a ejercer de "mi mujer" y me voy a crear mi propia teoría sobre este momento (si mi mujer puede crear teorías e incluso leyes, yo no voy a ser menos).

Teoría del tren que pasa 


Desde que soy padre he tenido la sensación de que con un hijo/a, (a partir de ahora, voy a hablar de "hija", que para eso tengo una) si dejas pasar un tren, es posible que te quedes estancado en la estación. Y además, creo que esto solo ocurre con los padres, en las madres el bono-metro viene de serie.

Todo empieza con esa primera pregunta de la matrona, sencilla, corta, clara y concisa. La respuesta, en principio, puede parecer también sencilla, si o no. Pero según mi teoría, es clave, sobre todo si es un "No". Como soy programador, lo voy a explicar con un condicional (toma frikada):

-La primera respuesta es un "No"

-"Deje, deje, mejor la sostiene usted señora matrona, que me da mucho miedo, que esto parece que se rompe con facilidad."
Entre los nervios, el miedo y la rapidez del momento, es posible que esta sea la respuesta más fácil para un padre, pero aquí empieza a marcharse el tren. Si en este momento no lo coges, la siguiente vez te va a costar más cogerlo. Es posible que acabes evitando sostener a tu hija por miedo, es posible que esperes hasta llegar a casa, es posible que esperes a que no tengas más remedio. Tarde o temprano acabará sosteniendo a tu hija entre tus brazos, pero el tren ya estará en marcha...

Esta primera oportunidad no es definitiva, pero cuanto más esperes para coger el toro por los cuernos, más difícil te va a resultar. Pronto vendrán más, el primer pañal, el primer baño, el primer biberón... pero son finitas y además, según vas dejando oportunidades, más difícil se te hace coger una.

Todos conocemos al típico padre al que le da miedo quedarse solo en casa con su hija, que se la lleva a su abuela cuando su madre se va de cena e incluso conozco ejemplos de padres que no pueden ni quedarse con su hija mientras la madre está en baño y la esperan en la puerta con cara de perrito abandonado. Pues bien, aunque nos parezca dificilísimo y pensemos que nosotros nunca vamos a ser este tipo de padre, mi teoría se basa en que si dejas pasar un par de trenes de los que he comentado, acabas tirado en la estación (y si, la estación es la puerta del baño y tú eres el de la cara de perrito...).

-La primera respuesta es un "Si"

 Este es mi caso, yo, con más miedo que el perrito de la puerta, respondí:
-"Si, dámela que la sostengo yo"
Y en cuanto tienes a tu hija en brazos, el tren para, te subes y te acomodan en primera clase. La sensación es brutal, ella te mira y te parte en dos. A partir de ese momento, tu vida anterior ha finalizado y ha empezado otra. Pero tú estás subido en tu tren, muy feliz.

Una vez dado este primer paso, tienes mucho ganado, pero todavía está por definir el tipo de padre que vas a ser (repito que la madre siempre va en primera clase, es más, puede llegar a ser el conductor del tren...). Puedes coger algún que otro tren y quedarte en la estación el resto de veces o puedes intentar cogerlos todos.

En mi caso, sigo intentando coger el máximo de trenes posible. Algunos los he cogido incluso antes que su madre (los primeros 3 días, yo cambié todos los pañales), otros los voy cogiendo cuando puedo. Pero la sensación es que voy subido en el tren y aunque a veces dan ganas de bajarse en marcha, una sonrisa de tu hija hace que vuelvas a sacar el billete, el bono, la tarjeta anual.

En este post, empieza a verse por encima lo que es el postparto para un padre.

Pero eso ya es otra historia...