martes, 17 de diciembre de 2013

El parto - Ese gran desconocido III

Como íbamos diciendo en la Segunda parte de El parto - Ese gran desconocido...

Allí estábamos los 2,  y esa iba a ser la última vez que íbamos a ser eso, una pareja, un dueto, compañeros, Pin y Pon, Pili y Mili... A partir de ahora íbamos a ser otra cosa, ni mejor ni peor, diferente. Sé que esto suena fatalista, pero es cierto y aunque es ese momento no eres consciente de ello, tu vida va a cambiar para siempre en un corto espacio de tiempo.

Llaman a la puerta, es Rotenmeyer, nada nuevo. Explora a mi mujer y dice:
 -"Tenemos que parir ya eeeehhh, que las otras se te han adelantado"
Y se va. Y nos quedamos mirándonos el uno al otro, con cara de circunstancias y le digo a mi mujer:
-"Oye, a ver si te das prisa, que hemos empezado muy bien pero vamos los últimos. Venga pare ya."
Y mi mujer:
-"Voy, espera que me ponga cómoda y lo expulso"
Esto último es ficticio, pero parecía que Rotenmeyer es lo que esperaba de nosotros, así que lo he puesto por si acaso algún día lo lee... La verdad es que nos quedamos entre sorprendidos y preocupados por la afirmación de Rotenmeyer. Parece ser que tenía la extraña idea de que mi mujer estaba reteniendo a nuestra futura hija en su útero por la fuerza (muy capaz...).

Vuelven a llamar a la puerta, otra vez Rotenmeyer, otra vez exploración:
-"Bueno, esto va muy bien, vamos a probar a empujar un poquito"
Y mi mujer:
-"Esto... pero... ¿cómo?... Si yo..."
Y empieza el primer simulacro:
-"Vamos, coge aire por la nariz y sin soltarlo empuja con todas tus fuerzas"
-"Grrrrrr, huuuuuum, groooooooo"
-"Sigue, sigue, sigue, siiiiiigue, siiiiiiiiiiiiiiiiigue,  SIIIIIIIIIIIGUEEEEE, muy bien"
-"Fuuuuuuuuuuuu, buffffffffff"
Y yo mirando con los ojos más abiertos que te puedas imaginar, sin respirar, empujando y animando (creo que me llegué a orinar un poco...).

Hubo otro par de simulacros, la Rotenmeyer cambió de actitud completamente después del primero. Parece ser que mi mujer era la campeona del mundo de empujar, por lo menos eso parecía por lo ánimos que le daba (luego se demostraría que de verdad lo era). Y sin esperarlo, sin darnos cuenta, llego una de las frases más impactantes que he oido en mi vida:
-"Pues ya está, pasamos al paritorio"
Toda tu vida te pasa por delante a cámara lenta y con banda sonora de Queen. Ves cómo se marcha todo el mundo de la habitación, como se llevan a tu mujer (que te mira con su mirada de "no me dejes sola por dios, te necesito!!!") y por primera vez en mucho tiempo, te quedas tú solo. Silencio brutal.

Entonces entra la enfermera y me da un gorrito verde, unos "calcetines" (por llamarlos de alguna manera...) verdes también y el típico "disfraz de médico" que nos ponen a todos los padres para entrar en el paritorio.

Supongo que si hubiera sido al contrario, mi mujer hubiera pensado en todos los detalles y llevaría tanto ropa como calzado adecuado para ponerse el disfráz. Yo por supuesto, llevaba todo lo contrario, pantalones cortos y chancletas. Feliz.

Supongo que no habrá más de 10 personas en el mundo que se hayan puesto esa especie de "calcetines" o "botines" que te dan para pasar al paritorio encima de unas chancletas. Es un infierno, porque aunque en principio parezca lo contrario, las chancletas son mucho más anchas que unas zapatillas o zapatos, así que no entraban, casi me caigo un par de veces. Al final conseguí vestirme medianamente bien y para inmortalizar el momento, como no, me saque una de esas "autofotos chonis" que podemos ver diariamente en perfiles de Facebook de infinidad de adolescentes (y no tan adolescentes). Lamentable, sí, pero ahí la tendré para siempre.

Y llegó el momento de la reflexión preparto del padre moderno. Pero eso ya es otra historia...




No hay comentarios:

Publicar un comentario